viernes, 22 de octubre de 2010

SIETE VIDAS - XY

Mientras me quieras mi cariño tendrás. Cuando partas yo y mi cariño nos olvidaremos. Bajo el sofá de la sala no hay más enigmas que descifrar. En la sala quedan sólo caracoles, hongos y algunos sapos sin cuento, ni encuentros. Sin magia. Sin vacíos que puedan incluso esgrimir una pausa entre ruidos. No mires hacia abajo que el centro está a tu derecha aunque todos griten “ve a la izquierda”. Las ecuaciones y los ángulos se inventaron con el big bang para perderte. Por eso, ahora, guarda tú el sombrero y tira de la cola al conejo de pomposo azulino y dientes amarillos y chuecos. Y, mientras su risa de conejo invade la nada, monta tú su desprevenido reflejo, y tira del cordel que guío su camino. Regresa a nuestra sala.

Los relojes se quedaron sin agujas. Los relojes se quedaron sin vida. Y, si a la falta de espacios persisten las horas, los cuartos, los minutos y segundos con sus milésimas ¿para qué no esperar? Si coges el avión a tiempo no me verás más. Para estos casos de emergencia extrema ensayo el mejor de mis insultos. No hay más duda. Esto –que lleva nombre impropio- suele sucedernos siempre. Confieso que tus ojos grises me pierden. La guía de ardilla exploradora no habla nunca sobre cómo espantar gigantescos duendes. Peco de falta de imaginación. Quizás por eso nunca nadie nunca colocó una flor de Liz sobre mi azaroso suéter.

Toca mi bajo vientre. ¿Lo sientes? Son los deseos escondidos a otros para ti. No hay rutas alternas. No hay pistas laterales. El camino es único. Tómalo o déjalo, pero haz algo. Basta no te quedes quieto. Basta, por favor háblame. Así como Orfeo halló a Eurídice en el hades, encuentra tú el momento propicio para nuestro abrazo. No estoy sola. Me tienes acompañada de furias que tienen un decreto nuevo para ti. Encuéntrame más allá del todo intenso de tus rezos. Deja las sábanas, deja las almohadas. Tantea, olfatea mi ausencia ¿qué acaso no duele? Siento frío. Hiela tu ausencia mi presencia, y aunque yo no esté, llevan tatuados tus labios mi sabor. Toco tu espalda, tus brazos se me escapan, lucho en tu abdomen, llego otra vez al borde de tus caderas. Es una guerra de sensaciones donde todo se escapa y también se une. Pasan las horas se siente aún frío pero no hay descanso. Encuéntrame en el callejón de tus deseos menos públicos. Jala el hilo de la madeja. Necesito respirar. Continúa por favor. Ingresa al laberinto. Despierta.

(Tomado de SIETE VIDAS: NARRACIÓN INÉDITA propia buscando editor)